Cerrito Encantado es un lugar de familia. Mi papá encontró este cerro en Altavista, Nayarit en 2001, pasó veinte años construyéndolo, y hoy mi esposo Chris y yo lo cuidamos junto con un grupo pequeño de amigos y vecinos de la zona que lo mantienen funcionando. Esta es la historia del cerro y de la gente detrás de él.
Cerrito Encantado fue fundado en 2001 por mi papá, José Huerta. Un día, manejando por la carretera costera de Nayarit, vio un letrero que decía Altavista. Siguió el camino cerro arriba y se quedó impresionado con las vistas, la comunidad y el paisaje natural.
Compró el terreno y pasó los siguientes veinte años desarrollando la propiedad. También fue comprando las parcelas de alrededor para conservar el entorno natural, para que el cerro se mantenga verde y tranquilo.
Construyó la propiedad poco a poco. Primero La Casa Chilam. Luego La Casa Redonda, con su sala de meditación en el segundo nivel. Después Los Cuartos, la cocina exterior con su horno de adobe, y al final una alberca con vista al valle y al mar.
La primera casa que se construyó en el cerro, y la favorita de Chris y mía.
La casa redonda, con su sala de meditación en el segundo nivel. La favorita de mi papá.
Los cuartos de huéspedes de Cerrito, entre los jardines.
Una cocina al aire libre con horno de adobe, hecha para comidas largas.
La última pieza: una alberca con vista al valle y al mar.
Parcelas de alrededor que se conservan naturales, para que el cerro siga verde y tranquilo.
La construcción nunca para del todo. Lo que sigue es remodelar La Casa Arellanes, la primera casa que ves al bajar por la entrada, aunque no va a estar disponible para renta.
Casi toda la gente que construyó Cerrito es de Altavista o de La Peñita. Los muros, las terrazas, las palapas: todo salió de manos locales. Checa cómo está acomodado todo en el cerro en nuestra página del diseño de la propiedad.
Desde el principio, José se dedicó a hacer amistad con Altavista. Trajo maestros de Estados Unidos que enseñaban inglés a los niños del pueblo, organizó noches de cine para la gente y contrató trabajadores locales. Esas conexiones siguen siendo el corazón de cómo funciona Cerrito hoy.
Si tienes curiosidad de cómo es el pueblo, escribimos sobre él aquí: Altavista, Nayarit: cómo es y qué hacer.
Cerrito no funciona con una app ni con recepción. Funciona con gente de confianza, y casi todos llevan años siendo parte de este lugar.
Tomasa, a quien todos le decimos Tomy, es la encargada principal. Cuida la propiedad cuando no estamos, y casi siempre es la primera cara amable que reciben los huéspedes. Por 150 pesos te prepara frijoles o tortillas hechas a mano, las más ricas de la zona, que puedes guardar en el refri o congelar. También es a quien hay que preguntarle por la fruta: si hay algo maduro, una yaka o una guanábana, pídeselo con cariño y puede que te comparta. Estos son sus propios servicios, así que págale directamente a ella. Su esposo Juan y su hijo Alfonso también son parte de la familia de Cerrito. Juan se encarga de los trabajos pequeños de la propiedad: quitar la hierba, bajar el agua y cortar el monte cuando crece de más. También te puede llevar a La Pila del Rey por 700 pesos para un grupo de hasta tres personas.
Panda es nuestro albañil, el mejor en muchos kilómetros a la redonda. Le encanta convivir y echarse una cerveza, pero a la hora de construir es muy detallista. Si hay fiesta o festival en el pueblo, busca al señor que anda bailando: ese es Panda.
Pacho, nuestro vecino arriba del garaje, fumiga contra plagas una vez al mes. Es el abuelito que siempre quisiste tener.
Carmelita vive más cerca de la plaza y tiene su propia familia. Es de las mejores para la limpieza en la zona, y entre ella y Tomy dejan todo rechinando de limpio, cada vez.
Yo soy Yazzi y mi esposo es Chris. Yo soy de Los Ángeles y Chris es del Valle del Hudson, en Nueva York. Nos gusta viajar y hemos vivido en varios lugares, incluyendo cuatro años en Melbourne, Australia. En Cerrito todo lo hacemos juntos, desde el sitio web y el diseño hasta atender a los huéspedes cuando andamos por aquí. Nuestra casa favorita es La Casa Chilam y nuestra playa favorita es Chacala.
México significa mucho para mí. Mi papá es de Juárez, Chihuahua, y nuestra familia tiene raíces indígenas mexicanas. Nos interesa seguir explorando los paisajes, las tradiciones y las prácticas de sanación de México mientras pasamos tiempo aquí.
Mi papá ahora vive en San Miguel de Allende. Siempre anda de un lado a otro, le encanta contar una buena historia y no le hace el feo a una copa de vino. Su casa favorita es La Casa Redonda.
Y sí, hay perros. Conócelos aquí.
Renta un cuarto, una casa o la propiedad completa, y mira lo que vio mi papá desde esa carretera en 2001.